martes, 1 de marzo de 2011

Fiebre, medicina y consejo

Y soy aquel que padece
Anemia de sus besos
Que se presta para las
Noches de bohemia y excesos
Y que a ti todo esto
Te agradece.
No solo de tu cuerpo
Sino también de tu alma
Apetece.
¿Cuándo a mi traerás calma?
Quiero que tu ausencia esté ausente
De mi cama y alcoba.
¿Cuándo estarás presente
Dejando de ser tan gata
Callejera y loba ferviente,
Hasta cuándo tanta lata?
No uses la indiferencia
Como máscara de tu dolor
Y no saques de mi inferencias
Que muy caras te salen
Como ese perfume
Y embriagante olor.
Y es el rojo tu color
Que tus labios con presteza
Se revisten en tus tristezas.
Ven, con este abrazo todo te daré
Y tú ven a calmar la fiebre de ti
Así amarte lograré.
Pues así lo preferí
O por lo menos algo dame
Algo que me calme
Que me calme y me inquiete
Para por ti seguir con fiebre.
Pero jamás
Me brindes ese vacío mortífero
“De un quizá”, “no se” o “me lo imagino”
Peor aún de ese obsceno silencio
Cada vez que te digo
Te amo, te quiero o te extraño.
Además, tampoco esa
Completud abrumadora
Porque tenlo por seguro
Que me iré con otra.

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